¿Funcionan realmente las pastillas para adelgazar?

La respuesta a esa pregunta depende, a su vez, de dos cuestiones. La primera es aclarar a qué tipo de pastillas nos referimos: si a las aprobadas por las autoridades sanitarias (que son recetadas por un médico y dispensadas en farmacias) o al resto, que no dudamos en calificar de fraudulentas. La segunda cuestión es cuánto esperamos de ellas: de las segundas no debemos esperar nada; de las primeras, tampoco demasiado, y nunca milagros.

Las pastillas para adelgazar son el sueño dorado del obeso que lleva muchos años de esfuerzos con resultados escasos: te tomas la pastilla, adelgazas, y problema solucionado. Pero de momento (y, previsiblemente, durante bastantes años), no es más que eso: un sueño. Que, en algunos casos, puede convertirse en pesadilla, si se recurre a píldoras no aprobadas por las autoridades sanitarias, o píldoras "milagro".

Por ejemplo, en la mente de muchos está esa píldora milagrosa para adelgazar que se vendía en nuestro país hace unos años, cuyo contenido era larvas de un parásito intestinal. Por suerte, la mayoría de esas soluciones fraudulentas se limitan a no servir para nada, pero tampoco puede desecharse que algunas tengan efectos negativos sobre nuestra salud.

En efecto, esa obsesión por adelgazar de una parte importante de la población de los países desarrollados ha hecho que muchos quieran ganar dinero a su costa de forma fraudulenta. De ahí la proliferación de soluciones milagrosas al problema, tanto en forma de pastilla como de polvo, extractos, suplementos... Por más que prometan, si no están aprobadas por las autoridades sanitarias, deben ser rechazadas sin dudar.

Hay que ser razonable y pensar que, si esa píldora o extracto que nos ofrecen funcionara, y lo hiciera de forma inocua, ya estaría siendo explotada por una multinacional farmacéutica y obteniendo de ella unos beneficios económicos inmensos, porque inmenso es el mercado potencial. También hay que pensar que una maravilla tal no habría pasado desapercibida para los medios de comunicación, ya que sería una de las noticias del año.

Sin embargo, hay algunas pastillas fraudulentas que parecen funcionar: al poco tiempo de tomarlas, en efecto, se pierde peso. Pero son píldoras con un efecto laxante o diurético, con lo que el poco peso que se pierde se recupera rápidamente. Y, además, no son inocuas, ya que este tipo de medicamentos solo deben ser utilizados bajo prescripción médica.

Pero, ¿qué podemos esperar de las píldoras adelgazantes aprobadas por las autoridades sanitarias? Lo cierto es que, después de haber salido unas cuantas de ellas al mercado y haber despertado muchas ilusiones, todas menos una han tenido que ser retiradas, ya sea porque los resultados no eran los esperados, ya sea por tener efectos secundarios indeseables o por ambos motivos. En todo caso, se estimó por parte de dichas autoridades que los resultados no compensaban los riesgos asociados a su utilización.

La única que quedó en las farmacias fue el Orlistat, comercializado bajo los nombres de Alli o Xenical. Este medicamento impide la absorción por el intestino de parte de la grasa ingerida. Sin embargo, tiene algunos efectos secundarios indeseados y su utilización presenta ciertas molestias. Además, su efecto adelgazante no es, ni mucho menos, milagroso, ya que se reduce a eliminar unos pocos kilos, y eso mientras se mantenga el tratamiento; si se abandona, esos kilos se recuperan. Por si lo anterior fuera poco, resulta relativamente caro.

Sin embargo, hay novedades: la Agencia Europea del Medicamento ha aprobado dos fármacos para luchar contra la obesidad. Sus nombres son Saxenda y Mysimba. Actúan sobre el sistema nervioso central reduciendo el apetito, ya que inciden sobre los complejos mecanismos que regulan el hambre y la saciedad. Ambos pueden producir ciertos efectos secundarios, como vómitos, diarreas, depresión o dolor de cabeza.

Estos riesgos implican que dichos medicamentos deban ser administrados bajo estricta prescripción médica. Y, también, obligan a restringir dicha prescripción a casos de obesidad (Índice de Masa Corporal mayor de 30) o sobrepeso con otras complicaciones, como diabetes o hipertensión. Además, antes de recurrir a ellos es necesario haber intentado la solución que recomiendan todos los expertos: un cambio en el estilo de vida que suponga comer menos y mejor y realizar ejercicio físico.

La opinión que estos medicamentos merecen a los expertos puede resumirse en una frase del doctor Gontrand López-Nava, del Hospital Universitario HM Sanchinarro: "No son una panacea, ni aportarán ninguna solución fácil ni de utilización generalizada". En realidad, hoy por hoy solo deben ser considerados como una ayuda a la vieja fórmula, infalible siempre que se mantenga en el tiempo: dieta y ejercicio.

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