Las dietas para la operación bikini no son sostenibles

Y no solo no funcionan, sino que es muy probable que, tiempo después de su finalización, se pese más que antes de comenzarla. Pero esta constatación, que está respaldada por numerosos estudios científicos, no quiere decir que no podamos hacer nada: frente a dietas ocasionales y/o dietas milagro, el cambio permanente de costumbres sí que da buenos resultados. Y eso también está comprobado.

Podemos considerar dieta bikini o dieta ocasional a toda aquella que busca, ya sea mediante una dieta "milagro" o no, un objetivo de reducción de peso en poco tiempo. La más típica, y de ahí su nombre, es la que se hace en los meses previos a las vacaciones de verano para lucir tipo en la playa. Y ahí vemos ya dos errores de partida: por una parte, el objetivo es sólo estético, no de salud; por otra, la duración es efímera: hasta el verano.

Es interesante considerar lo que dice la ciencia al respecto de estas dietas, en base a estudios rigurosos. En primer lugar, es importante diferenciar si se va a recurrir a una dieta milagro o a una que sea, simplemente, restrictiva en calorías. En el primer caso, además de tener garantizado el fracaso a medio plazo, corremos el riesgo de perjudicar nuestra salud. En el segundo, "solo" tendremos garantizado el fracaso.

Los estudios indican que, en promedio, aquellos que inician una dieta con duración determinada terminan pesando a los seis meses dos kilos más que cuando la empezaron. Un resultado desolador, sobre todo si tenemos en cuenta el esfuerzo desplegado durante la dieta. Parece claro que hacer una dieta temporal no es una opción inteligente. Entonces, ¿por qué las hacemos?

La respuesta probablemente tenga mucho que ver con la ignorancia, el autoengaño, la publicidad engañosa de diversos productos, el pensamiento a corto plazo y las debilidades humanas. En todo caso, parece claro que no es la solución. Por si quedaba alguna duda, estudios realizados en gemelos (para eliminar la influencia de los genes) indican que aquellos que realizan dietas tienen más sobrepeso u obesidad que los que no las hacen.

La razón de este aumento de peso tras realizar una dieta temporal, que afecta a un 41% de las personas que la iniciaron, no está muy clara para la ciencia, aunque se sospecha que tiene mucho que ver con alteraciones metabólicas. Por otra parte, es conocido el efecto devastador que tiene en la autoestima y en la autoconfianza el repetido fracaso en la realización de dietas: cada vez tendremos una fuerza de voluntad más débil para afrontar la próxima.

Entonces, ¿no hay solución? La hay, aunque no es milagrosa. Consiste en el cambio permanente de costumbres. Y aquí hay que resaltar la palabra permanente, ya que los cambios deben ser para siempre: en el momento en que los abandonemos, volveremos a la situación anterior. Pero, si somos perseverantes, funciona. Y, en este sentido, pueden darse algunos consejos al respecto.

Lo primero, y es algo que ya se ha dicho pero no está de más repetir, es que debemos olvidarnos del plazo: los cambios deben ser para siempre. Además, el objetivo no debería ser un peso determinado, sino el cambio de costumbres en sí mismo. Por ejemplo, un primer objetivo puede ser cambiar el bollo de media mañana por una pieza de fruta. El objetivo es el propio cambio; la reducción de peso (solo por este cambio, será modesta) será un efecto colateral de la nueva costumbre adquirida.

Además, y es algo que también se ha apuntado más arriba, debemos olvidarnos de dietas milagro y similares remedios fáciles. Lo más sano, según los especialistas más serios, es comer de todo con moderación. En este sentido, la dieta mediterránea es perfecta. Y, dado que es mucho más sano cocinar los propios platos que recurrir a precocinados, contar con un recetario de platos ligeros facilitará mucho las cosas.

Dado que los cambios deben ser para siempre, el factor adherencia es fundamental. Por eso, debemos escoger una alimentación que nos guste, tratando únicamente de evitar aquellos alimentos que sean más insanos, como la bollería, los precocinados o aquellos que estén elaborados con grasas perjudiciales, como la de palma, coco o, sobre todo, grasas hidrogenadas o trans.

Así, es posible que una dieta sin hidratos pueda suponer una mayor bajada de peso a corto plazo, pero, ¿la podremos mantener para siempre? Será difícil, sobre todo si tenemos en cuenta que, con frecuencia, comeremos fuera de casa y, en esas circunstancias es más difícil escoger lo que se come. Además, las personas con las que convivimos no tienen por qué seguirla, y eso supondrá una dificultad adicional.

No hay que olvidar que una costumbre que debemos incorporar para siempre es moverse. Y, de nuevo, aquí lo importante es la adherencia: es mejor dar un paseo diario de una hora (por ejemplo, al ir al trabajo), si eso es lo que más nos apetece, que realizar otros ejercicios más intensos pero que abandonaremos a los dos meses porque nos aburren o nos terminan resultando insoportables.

Y dejamos para el final uno de los aspectos más importantes: es muy conveniente ponerse en manos de un profesional, médico o dietista-nutricionista: nos dará los mejores consejos y, sobre todo, nos podrá hacer controles periódicos que supondrán una garantía para nuestra salud.

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