La operación bikini no es lo más adecuado

Sí, todo está mal: el nombre, el planteamiento, la ejecución, los resultados y la sustitución que se hace con ella de otras estrategias mucho más recomendables e inteligentes. Está movida por intereses comerciales de algunas empresas y por la desesperación, inocencia, ilusión e ignorancia de muchas mujeres (y también hombres). Veamos por qué está todo mal en ella, y que podemos hacer en su lugar.

Si nos fijamos en el nombre, vemos enseguida que la cosa no empieza bien: "operación" indica algo rápido, de no muy larga duración, con comienzo y final más o menos inmediatos. Más adelante veremos que eso es justamente lo menos adecuado. Y "bikini", aparte de cierto tufillo machista (¿es que solo deben adelgazar las mujeres?, ¿por qué no se llama operación bañador, para hombres y mujeres?), pone el acento en el aspecto estético, y no en el de la salud. Segundo error.

En cuanto al planteamiento, ninguna persona medianamente informada dudará de que es algo claramente erróneo: adelgazar rápidamente para lucir tipo en verano y luego olvidarnos del tema. En el mejor de los casos, contaremos con tres meses; normalmente, solo un mes y a veces, ni eso. Pero adelgazar rápidamente es malo. Primero, porque volveremos a recuperar el peso, y segundo porque puede exigir recurrir a dietas poco recomendables (las tristemente famosas dietas milagro), que pueden perjudicar gravemente la salud.

Y entramos así en el tema de la ejecución de esta desastrosa operación bikini. ¿Cómo podemos perder diez kilos en un par de meses? Evidentemente, con dietas extremas y, por tanto, peligrosas. Como muy probablemente no lo haremos bajo la supervisión de un profesional médico o nutricionista (ningún profesional que se precie colaboraría en un atentado de este tipo), es probable que caigamos en carencias de nutrientes o, incluso, problemas peores. Y eso si se consigue perder peso, cosa que muchas veces no ocurre, sobre todo en la medida en que nos habíamos imaginado.

En cuanto a los resultados, parece increíble que haya gente que siga creyendo en cosas como esta, cuando se sabe con certeza que no funciona. Puede ser, es cierto, que se pierda algo de peso, pero se recuperará cuando se abandone esa dieta extrema con la que lo hemos perdido. Y se abandonará porque no se puede mantener esa dieta a medio plazo. Recuperaremos el peso perdido y, probablemente, algo más. Por si esto fuera poco, aumentará ligeramente nuestro porcentaje de tejido graso, en detrimento del muscular. Y, para terminar, nuestra autoestima y confianza en nuestras fuerzas para luchar contra el sobrepeso se habrán llevado otro sopapo: "comprobado: me es imposible adelgazar".

El último aspecto negativo de esta operación bikini es que se realiza en sustitución de otros tratamientos mucho más efectivos e inteligentes. Si dejamos aparte la alternativa de la cirugía de estómago (drástica, invasiva, moderadamente peligrosa y con posibles secuelas), está comprobado (comprobadísimo, podríamos decir), que lo único que funciona para perder peso de forma duradera es cambiar los hábitos en materia de nutrición y actividad física. Y cambiarlos para siempre.

Porque lo importante no es el peso que hayamos conseguido perder a los dos meses, sino a los tres, cinco o diez años. Y eso supone la necesidad de hacer una reeducación alimentaria y de ciertas costumbres en relación con el sedentarismo. Hay que aprender a comprar, a escoger las comidas más sanas, a cocinar de forma saludable (para lo que es muy conveniente disponer de un buen y amplio recetario de platos ligeros), a cambiar la televisión, el ordenador o la Play por un paseo...

Estos cambios, por supuesto, pueden ser costosos, sobre todo al principio. Con el tiempo, si la dieta es razonable, veremos que cada vez nos cuesta menos. Y comprobaremos que la ganancia de salud vale mucho más que el esfuerzo que nos cuesta: nos encontraremos mejor, aumentarán nuestras expectativas de vida (en cantidad y en calidad), alejaremos el riesgo de ciertas enfermedades y, aunque no debe ser nunca el objetivo principal, nos sentiremos más atractivos. Y no será para el próximo verano; será para siempre.

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