El balón intragástrico que no necesita ser extraído

Lo que antes era una intervención no grave, pero sí relativamente invasiva e incómoda, se está convirtiendo en algo cada vez más sencillo e inocuo. Además, es eficaz (con él, pueden perderse hasta doce kilos en tres meses), pero hay que tener claro cuándo se puede utilizar y cuándo no, y lo que puede conseguirse y lo que no. El principal problema es que, por sí solo, no es eficaz a largo plazo.

Como probablemente sabe ya el lector, el balón intragástrico (o globo gástrico) es una técnica relativamente novedosa para adelgazar. Su principio es sencillo: se trata de reducir artificialmente el volumen útil del estómago a fin de lograr la saciedad con una menor cantidad de comida. Esto se consigue mediante la introducción en dicho estómago de un balón que se llena de un líquido inocuo. En ciertos modelos, es un gas inerte (normalmente, nitrógeno) lo que se introduce en el globo. Su volumen depende del modelo, pero suele oscilar entre el cuarto de litro y el medio litro.

Si se compara con intervenciones quirúrgicas de estómago, o incluso con el seguimiento de dietas estrictas, las ventajas son evidentes, ya que es realmente eficaz (pueden perderse entre diez y quince kilos en tres meses de tratamiento, y a veces bastante más), tiene muy poco riesgo y es un procedimiento reversible. Además, las molestias y efectos secundarios que produce no son muy importantes y se suelen limitar a los primeros días: vómitos, intolerancia gástrica, diarreas...

¿Inconvenientes? También los tiene, por supuesto. El principal es que no puede mantenerse de forma indefinida. Aunque hay modelos que se pueden emplear durante un año, lo más usual es que este periodo se reduzca a unos pocos meses, normalmente de tres a cuatro. En algunos modelos, incluso, se limita a cuatro semanas. Luego hay que retirarlo, por problemas de intolerancia o irritación del órgano, ya que, al fin y al cabo, es algo artificial que introducimos en él.

Otro inconveniente es el precio. Aunque no puede considerarse un procedimiento prohibitivo, hay que tener en cuenta que deben intervenir diversos especialistas, y es este hecho, más que el precio del globo o balón en sí mismo, lo que dispara la factura hasta una cantidad que oscila entre los 3.000 y los 6.000 euros, si bien estos límites pueden rebasarse tanto por debajo como por encima, en función del tratamiento requerido y el modelo de globo utilizado.

Es en la cuestión de la dificultad, tanto a la hora de ponerlo como de retirarlo, donde más avances se están produciendo. Los primeros modelos requerían una sedación para la introducción y otra para su retirada. Ahora hay balones que se introducen por simple ingesta, como si se tratara de una píldora de tamaño normal de la que sale un hilo grueso, el catéter, por el que posteriormente se inyecta el líquido, una vez que el globo se ha alojado correctamente en el estómago.

Y, por lo que respecta a su retirada, la novedad estriba en que algunos balones están hechos de un material que se degrada lentamente en el estómago, de forma que, cuando ha cumplido su ciclo, se desecha con las heces sin molestia alguna ni necesidad de sedación o intervención de facultativo alguno. Más fácil, cómodo y seguro, imposible.

Como hemos indicado más arriba, quizá su principal inconveniente es que tiene una duración limitada. ¿Qué ocurre cuando el balón desaparece del estómago? Pues que, si no hemos cambiado nuestros hábitos, volveremos a recuperar el peso que teníamos. Por eso, el balón intragástrico debe utilizarse con inteligencia. Una forma de hacerlo es cuando se usa para bajar de peso antes de una intervención de estómago. Esto reduce de forma importante los riesgos que dicha intervención conlleva.

La otra forma inteligente de utilizarlo es aprovechar su presencia en el estómago para cambiar (eso sí, de forma definitiva) nuestros hábitos alimenticios. Si lo hacemos, cuando el balón desaparezca podremos mantener el peso conseguido, aunque no se puede ocultar que, sobre todo al principio, requerirá de una buena dosis de fuerza de voluntad. Si no se utiliza de una de estas dos formas, estaremos tirando tiempo, dinero e ilusiones.

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